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"Finalmente, es a vosotros, jóvenes de
uno y otro sexo del mundo entero, a quienes el Concilio quiere
dirigir su último mensaje. Porque sois vosotros los que vais a
recibir la antorcha de manos de vuestros mayores y a vivir en el
mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su
historia. Sois vosotros los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y
de las enseñanzas de vuestros padres y de vuestros maestros vais
a formar la sociedad de mañana; os salvaréis o pereceréis con
ella.
La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su
rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el
gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa
impresionante «reforma de vida» se vuelve a vosotros. Es para
vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, porque la Iglesia
acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el
porvenir.
La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a
constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las
personas, y esas personas son las vuestras.
Está preocupada, sobre todo, porque esa sociedad deje expandirse
su tesoro antiguo y siempre nuevo: la fe, y porque vuestras almas
se puedan sumergir libremente en sus bienhechoras claridades. Confía
en que encontraréis tal fuerza y tal gozo que no estaréis
tentados, como algunos de vuestros mayores, de ceder a la seducción
de las filosofías del egoísmo o del placer, o a las de la
desesperanza y de la nada, y que frente al ateísmo, fenómeno de
cansancio y de vejez, sabréis afirmar vuestra fe en la vida y en
lo que da sentido a la vida: la certeza de la existencia de un
Dios justo y bueno.
En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a
ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a
escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a
su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo.
Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio,
que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos,
puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo
mejor que el de vuestros mayores.
La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado,
siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en
el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la
vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la
fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con
lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir
de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el
rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta
de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes.
Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os
bendecimos.
7 de diciembre de 1965
We Are Church - YOUTH
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